Una ley olvidada, un político con nombre propio y una palabra que nació entre los caños. Tres viejas historias que se cruzan… y nos hace repensar el como hablamos.
Durante las primeras décadas del siglo XX, la Argentina vivía una transformación marcada por la inmigración masiva, la expansión agropecuaria y una lucha de las clases trabajadoras.
Qué fue la ley de «Vagos y entretenidos»?
El término «Ley de Vagos» se usaba popularmente para referirse a una serie de disposiciones legales y policiales que habilitaban a las autoridades a detener y sancionar a personas que no podían demostrar un empleo “formal” o domicilio fijo. En la práctica, esto se tradujo en la persecución de peones rurales, inmigrantes sin trabajo estable, y personas en situación de calle.

Estas normativas, con antecedentes coloniales, fueron reforzadas como forma de disciplinar a las clases bajas. En nuestro territorio, miles de personas eran detenidas por “vagancia”, sin juicio ni defensa, y muchas veces eran forzadas a trabajar en condiciones de servidumbre.

José Camilo Crotto y los derechos de los peones rurales
En contraste con esta visión represiva, la figura de José Camilo Crotto, político radical y gobernador de Buenos Aires entre 1918 y 1921, trajo una mirada diferente sobre el mundo rural. Crotto firmó un decreto que permitía a los peones rurales —también conocidos como «gauchos errantes»— viajar libremente por las rutas del país sin necesidad de documentación o contrato fijo de trabajo. Esta medida buscaba proteger el modo de vida de los trabajadores rurales itinerantes, quienes muchas veces eran perseguidos bajo las leyes de vagancia.

Esta disposición fue resistida por sectores conservadores y por grandes terratenientes, que veían con malos ojos cualquier flexibilización del control sobre la mano de obra rural. Sin embargo, para muchos trabajadores, la “Ley Crotto” fue una defensa de su libertad de movimiento y una forma de dignificar el trabajo nómada.
El curioso origen de la palabra «atorrante»
Una de las historias más llamativas de esta época es el origen del término «atorrante», que en el habla popular argentina se convirtió en sinónimo de vago, haragán o persona de conducta cuestionable. Existen varias versiones sobre su origen, pero una de las más difundidas y pintorescas lo vincula con los caños de desagüe de la empresa francesa A.Torrant (o «Torrans», según otras fuentes), que se utilizaban en la construcción de obras públicas en Buenos Aires.
Según esta versión, muchas personas sin hogar dormían en el interior de estos grandes tubos de cemento, y fueron despectivamente llamados “atorrantes” por su vinculación con esos caños. Con el tiempo, el término se extendió y se cargó de sentido negativo, asociándose con la vagancia y la marginalidad.

La empatía como premisa
La historia de la «Ley de Vagos», de Crotto y de los llamados “atorrantes” pone en evidencia los conflictos sociales de una Argentina en pleno cambio. Mientras el país se modernizaba y crecía, miles quedaban en los márgenes, atrapados entre leyes injustas y prejuicios sociales.
Hoy, revisar esta parte de la historia nos invita a reflexionar sobre el prejuicio y el lenguaje como herramientas de exclusión.
Lo que una vez se llamó “vagancia” muchas veces fue, en realidad, pobreza, desarraigo y lucha por la supervivencia.
Por Mariano Mónaco






