Muchas veces se encasilla al tango con cierta melancolía o tristeza. Esta nota está dedicada a sacar una sonrisa a aquellos que siguen pensando que la milonga es música antigua o pasada de moda.
Los títulos de los primeros tangos demostraban su origen prostibulario.
El doble sentido sirvió para desafiar la moral conservadora, para hablar de lo prohibido sin decirlo explícitamente, y para que el público más marginal encontrara en la música una válvula de escape, una ironía social y también una reivindicación de sus propios deseos más íntimos.

En ese ambiente, los letristas, músicos y creadores populares desarrollaron una estética que mezclaba lo grotesco, lo sensual, lo prohibido, pero también lo divertido.
El lunfardo, era una jerga que recogía palabras de inmigrantes italianos, españoles, de las clases bajas, de los ambientes marginales. Pronto se convirtió en un banco de recursos lingüísticos perfecto para el doble sentido: palabras que pueden tener significados inocentes, según quién las escuche. Ese juego de ambigüedad permitió que muchas letras o títulos bordeen lo provocador sin caer en lo censurable.
Así aparecieron tangos como “La clavada”, “Dos sin sacar”, “La franela”, “Sacámele el molde”, “Con qué trompieza que no dentra”, “El fierrazo”, “Colgate del aeroplano”, “Va Celina en la punta”, “Dejalo morir adentro”, “¡Qué polvo con tanto viento!”, “Afeitate el 7 que el 8 es fiesta”, “Hacele el rulo a la vieja”, “Tocámelo que me gusta”, «El 69», “Sacudime la persiana”, «Echale aceite a la manija», «Aquí se vacuna», «Tocámela Carolina», «Empujá que se va a abrir», etc.

Muchos de estos tangos de corte procaz, tuvieron que ser cambiados luego del golpe de estado del general Uriburu, debido a la represión en las expresiones que se suscitaron durante esa Década Infame.

Las letras debieron modificarse para poder emitirse en radio o distribuirse comercialmente porque se consideraban “inmorales”, “vulgares”, “poco decorosas”. Algunos títulos fueron cambiados, y los versos fueron atenuados.

No obstante, la picardía se volvió parte del encanto de esos tangos: lo que no se decía directamente le daba potencia.
Algunos ejemplos de estos cambios en las letras fueron:
“Cara Sucia”, que hablaba de las partes íntimas de una mujer.
«Cara sucia, cara sucia, cara sucia,
te has venido con la cara sin lavar
melenuda, melenuda, melenuda,
te has venido con el pelo sin peinar»

Otro ejemplo es “La C…ara de la L…una” (La Con… de la lora).
“Lora”, era la forma de llamar en lunfardo a las prostitutas gringas que en general eran europeas.
Según cuenta la leyenda, la frase real nació del ingenio de una esposa celosa y enfadada.
Enojada por el engaño de su marido, le negó tener relaciones y le dijo: «Si querés tener sexo, andá a la Con… de la lora». O sea, en casa, no iba a tener satisfacción alguna y este tendría que conformarse con otra mujer del bajo mundo.
A partir de allí, el uso de la frase tomó vida propia y sería asimilada en el boca en boca, para denotar frustración o enojo.

Por Mariano Mónaco






