Heredero de una familia que pasó de la opulencia al esfuerzo a pulmón, Henry se convirtió en olímpico, jugó al fútbol, compartió pantalla con Tinelli y hasta se codeó con figuras de Hollywood. Su historia combina deporte, espectáculo y humor sin filtros.
Henry de Ridder es de esos personajes que parecen haber vivido varias vidas en una sola: olímpico en Sarajevo 1984, futbolista frustrado, compañero de Tinelli en Videomatch, aventurero, productor de TV y amigo de Mickey Rourke. Dueño de un relato cargado de mil anécdotas increíbles, mezcla humor, nostalgia y crítica en un ida y vuelta que lo pinta de cuerpo entero: Lo que se dice un tipo realmente sincero.

¿Cómo nació la pasión familiar por el esquí?
Mi papá cuando era joven era un tipo muy rico. Soy de esa típica familia rica que despilfarró todo y quedamos casi en la calle. Cuando él viajaba por el mundo, iba a Suiza, Austria… y le sembró la semilla a sus hijos, llevándonos a Bariloche, donde él esquiaba desde muy chiquito. Yo era bebé y ya estábamos en la nieve. Con algo de platita nos fue llevando, hasta que después cuando la plata se fue terminando tuvimos que seguir medio a los ponchazos entrenando. De ese grupo, fuí el único que se convirtió en olímpico. El resto estudiaba. Yo estuve intentando estudiar veterinaria en Facultad de Agronomía pero era un desastre, me echaron a patadas (risas).
¿Cómo se entrenaba en aquel entonces?
Nosotros vivíamos en el campo, nos vinimos a Buenos Aires a los 14 años. Mi mamá nos anotó en el CUBA, Club Universitario de Buenos Aires. Y ese club contrató en aquel entonces a Juan Carlos Dyrzka, un atleta que fue récord sudamericano. Entrenábamos en las gradas del velódromo municipal, que estaba abandonado. En este deporte, para entrenar necesitás fortalecer la parte superior de las piernas, los muslos. Entonces saltábamos las gradas horas y horas. Mis contrincantes/compañeros de selección, que vivían en Bariloche, estaban frecuentemente entrenados, era algo normal para ellos. Imaginate que cuando la mamá los mandaba a la panadería, bajaban por pendientes de 45 grados a buscar el pan. Ya corrían con esa ventaja.
¿Y cómo fue tu preparación para los juegos olímpicos de Sarajevo 84?
Bueno, el secretario de deportes durante la presidencia de Alfonsín, Rodolfo O´Reilly, nos recibió en su despacho con los pies cruzados arriba de una silla. Le comenté que habíamos logrado clasificar para los Juegos Olímpicos, pidiéndole si nos podían gestionar algún espacio en algún vuelo en Aerolíneas Argentinas, que fuera a Europa. Y su respuesta fue: «No. De ninguna manera, el esquí es un deporte de ricos». Nos fuimos de ahí y tuvimos que salir a recaudar fondos para hacer la gira pre-olímpica. El esquí es un deporte muy caro, muy abrasivo. Mucha gente lo compara con la natación, porque es un deporte muy independiente. Pero la natación es tirarte al agua y nadar como un patito. Lo otro es estar esquiando con 30 grados bajo cero, con hielo, con quebraduras. Justamente hace unos días murió un esquiador italiano durante un entrenamiento en Chile, en La Parva. Nosotros viajamos a 140km/h y si falla algo, te morís. Con la natación no la podés comparar (risas).

¿También jugaste al fútbol?
Jugué al fútbol si, pero tuve mala suerte. Estuve a prueba en Nacional de Montevideo, y Arsenal de Sarandí, teniendo de compañero a Jorge Burruchaga. Ya de grande estuve a prueba en Huracán, y cuando estaba por firmar el contrato, el globo contrata a dos tipos experimentados: el Cholo Converti, y a un tal René Houssemann dejandome afuera. Ese año Huracán desciende. Yo era más potente que esos dos, jugaba de 9, de 10, y de 6. Pero eligieron otra cosa.
¿Y luego de eso comenzó tu paso firme por los medios?
Claro! Al tiempo fuí contratado por Telefé, siendo compañero de Tinelli, en dos programas que se llamaron VideoMatch y Ritmo de la Noche, en donde hacíamos un montón de cosas, entre las que se destacan la jugarreta con Diego Maradona y la pelea con Mickey Rourke, que hizo casi 50 puntos de rating.
¿Se ganaba plata en esos tiempos?
Sí ganaba plata! El sueldo era muy bueno, pero Tinelli tenía un productor, Raúl Fernandes. Era muy inteligente, fumaba abajo del agua! El nos organizaba viajes y presencias todos los fines de semana a inaugurar distintos eventos: asados con Carlos Menem en Olivos donde jugábamos a la pelota, eventos con Palito Ortega, también jugué con Diego Maradona en su quinta de Moreno. Con esos laburitos sí, ganábamos muy buena guita.

¿Cómo empezaste con la pesca con mosca?
Bueno, cuando empieza apretar el cambio climático y empieza a faltar nieve en el mundo, yo aún producía mi programa en la misma montaña. Una vez andaba flojo de canje, y conocí a una mujer que tenía unas cabañas por Paso Puyehue. En 1987, Villa La Angostura no era lo que hoy se vé, era algo muy chiquito. Esta mujer pudo lograr juntar a otros tantos prestadores turísticos quienes me tentaron de quedarme en el verano, para hacer un programa de actividades outdoors. Y así nace el programa de pesca con mosca.

Para aquel que no conoce, ¿es caro pescar con mosca? ¿Qué necesito?
Noo! Era baratísimo y divertidísimo hasta que Dios nos mandó seca. Hay una especie, de la cual se murió el 90% por la sequía llamada «tararira». Con una cañita coreana de U$S 100.- una línea, y unos señuelitos, por muy poquita plata, en cualquier lugar, ibas a pescar esta maravillosa especie, que por lejos para mi gusto es la mejor de Argentina. Las otras especies, que son los salmónidos y el dorado, tienen muchas ñañas, y están lejísimos de donde estés. Ahora la Provincia de Buenos Aires se llenó de agua, pero van a tardar. Están creciendo, y si se mantiene este agua van a tardar unos cuatro o cinco años para convertirse en piezas de un kilo de porte.
¿Qué no hay que hacer en la pesca con mosca?
Lo que no hay que hacer nunca es matar las especies salvajes! (risas) Eso es lo que no hay que hacer: ni al puma, ni al tiburón blanco, ni a la jirafa, ni al avestruz, ni a los peces, a ninguno. Cuando ya aprendiste eso, bueno. Hay que entender que en la pesca con mosca, muere aproximadamente el 3% de las piezas. Afortunadamente a mí no se me murió ninguna pieza, y tengo unos 8000 animales sacados del agua y devueltos. Con otros tipos de pesca se matan aproximadamente el 50% de las piezas antes de soltarlas. Digamos que de cada dos, una muere. La pesca con mosca, fue ideada por los ingleses. Como son 60 millones en unas islas, no hay truchas para todos. Entonces tuvieron que inventar un aparejo armonioso, para lesionar lo menos posible la trucha, devolverla y a los días siguientes, cuando se le sane y no le duela más la cicatriz del labio al animal, pueda ser engañada por otro inglés distinto.
Y habiéndote criado en el campo ¿Qué problemáticas ves actualmente?
Yo soy criado en el campo, y como nunca fuí rico, tuve que aprender todos los quehaceres: desde domar, matar, capar, hacer un alambre, hacer un asado, todo! Lamentablemente hoy, además de las retenciones, que habiendo pasado distintos gobiernos las seguimos teniendo, se desactivó vialidad, y ya no pasa más la Champion. Bueno, es una manera de decir, porque le quedó ese mote a las máquinas de hace 40 años. Ahora hay unas máquinas más nuevas, divinas, pero por costumbre les ha quedado ese nombre. Y en algunos lugares como Tapalqué o Bolívar se ha dejado de pagar impuestos hace tres años. En Vedia, que es en donde particularmente tengo mi campo, en vez de alisarte y arreglarte los caminos, se hace política con nuestra plata: un gimnasio, una pileta… Que no está mal! Pero si me cobrás red Vial que es un impuesto para mantener los caminos, agarrá la Champion así podemos sacar la cosecha! Esa plata para esas obras, creo que tiene que salir de otro lado.

¿Hay alguna historia que te una con Mar del Plata?
Bueno, mi padre como te conté, fue un tipo multimillonario que se llamó Luis de Ridder. Y fue el primer ser humano que llevó una tabla de surf a Mar Del Plata. Mi padre tenía una manzana entera frente a Playa Grande. A la tabla la trajo en su avión particular y la llevó luego a la Felíz. En esos años no existía Punta del Este, no existía Buzios, no existía Florianópolis. Era Mar del Plata sola, radiante, divina y toda para ricos. Y a mi viejo se le pegaron un montón de pibes para que mi padre les prestara la tabla y les pagara los cafés. Pero bueno, te los voy a nombrar: Adolfo Cambiasso padre, Pepe de León, Tite Elizalde, Donald McCluskey, el cantante… Todos esos rodeaban a mi padre, salían con minas, tenían una facha impresionante, y hacían surf. La tabla era grande y lastimaba a los bañistas. Hubo quejas, entonces el intendente lo llamó a mi padre para consensuar otro lugar. Y ahí mi viejo, que vivió muchos años en Estados Unidos, le puso Waikiki a esa zona de rocas frente a la costa. Hay un personaje marplatense que hace años se adjudica la traída del surf a Mar del Plata, cosa que es total y absolutamente mentira. En la década del 50´el señor este era menor de edad, no sabía ni lo que era Mar del Plata! Urgá, buscá en los diarios viejos. Cada tanto me llaman marplatenses para que yo cuente la verdadera historia, que es la que te digo.

¿Y es cierto que seguís en contacto con Mickey Rourke?
Si! sigo en contacto, sigo siendo su amigo. Si el boludo este me hubiera hecho caso, poníamos un gimnasio de box en Malibú, en su pueblo, y hoy yo no estaría acá, sería multimillonario! (risas). Hablo con él y lo puteo, porque si hubiésemos puesto eso…Lo único que le pedía era que fuera una vez por semana, que haga presencia y nada más. Yo le decía «Mirá Mickey, un día hacemos guantes, que te encanta, hacemos fierros, que te encanta, y ahí las chicas ay ay Mickey Rourke, y yo me la llevo en pala boludo!» (risas). Bueno, como termina la historia? El abogado de él, cuando ya estábamos por presentar las gigantografías del local, me dijo, «guarda que este flaco se levanta un día con el pie torcido y te clava una demanda por el uso de imagen y ahí vas a ver. Porque no respeta lo pactado» y ahí me bajé. Aunque ya esté arruinado, mejor prefiero tenerlo de amigo.

Disfrutá de «El Aventurero» el programa outdoors por excelencia, todos los lunes a las 19, con repeticiones los viernes a las 15 por la pantalla de El Garage TV.

Por Mariano Mónaco







