Estando en la sierra, el GPS o Google Maps suele ubicarnos en el paraje El Boquerón, lo cual es incorrecto. Pero qué es exactamente este paraje? Aquí te contamos su historia.
El Boquerón es un paraje rural ubicado a unos 9 km de Batán sobre la ruta provincial 88 entre colinas verdes y campos trabajados para horticultura y fruticultura, en fuerte crecimiento junto a la ganadería.

Su nombre fue elegido por Ovidio Zubiaurre, quien le puso este nombre a su estancia, en recuerdo de la batalla homónima de la Guerra del Paraguay como ocurría con otros establecimientos rurales.
A fines del siglo XIX, la estancia fue adquirida por Mercedes Castellanos de Anchorena para su hijo Enrique, quien junto a su esposa Ercilia Cabral Hunter transformó el lugar en un refugio de campo elegante con caminos internos, jardines, pileta con solárium, paseo en bote llamado “La Venecia”, capilla de piedra en la loma y una casa de té para jugar al golf por las tardes mientras los veraneantes disfrutaban del mar por la mañana.

Enrique también mandó a construir una cancha de golf de nueve hoyos rodeada de árboles y sierras junto a una edificación llamada “La Ferm” diseñada por Alejandro Bustillo con estética de campiña francesa, construida en piedra y pensada como centro de labores y hospedaje para el personal.
El paisaje fue trabajado con un magnífico proyecto forestal que combinó especies autóctonas y exóticas en colinas y valles y fue uno de los emprendimientos forestales más importantes en la región.

A mitad del siglo XX la familia Anchorena se desvinculó y la estancia se fragmentó entre sus cinco hijos aunque nunca perdió su estética e impronta original.
Hoy, la Estancia El Boquerón sigue siendo un refugio campestre, administrado por Jakob Von Plessen @jakotango, guía de campo de renombre, y con el aporte estético de su madre, la interiorista Christl Von Plessen, quienes mantuvieron el casco colonial convertido en lodge para hasta 14 huéspedes.

La única forma de acceder es mediante reserva anticipada a través de Plan South America, que ofrece una experiencia íntima y personalizada con actividades que incluyen cabalgatas acompañadas por gauchos, introducción informal al polo de campo, almuerzos junto a la piscina y picnic bajo robles, asador, merienda con té y tortas servidas en la galería, y veladas frente a la chimenea con Malbec, todo en absoluta privacidad y sin formar parte de ningún circuito convencional de turismo rural.






