Los árboles y los espejos de agua no solo embellecen el paisaje: también influyen en la formación de lluvia. Te contamos donde llueve más por tu zona.
Nunca te preguntaste, dónde llueve más?
Hace un tiempo, en algún temporal fuerte, y ante un corte masivo de luz, la esperanza de mantenernos conectados lo daba la radio AM a pilas. Durante un programa radial, se escuchaba el registro pluvial de cada paraje, pueblo y ciudad, en una especie de competencia por defender la identidad del lugar más lluvioso.

En el partido de General Pueyrredon aún sobreviven rincones donde la naturaleza conserva su ritmo, pese al avance urbano y la presión del mercado inmobiliario.
Las reservas naturales y forestales protegen parte del paisaje original y ofrecen servicios ecosistémicos fundamentales: regulan la temperatura, retienen agua, favorecen la biodiversidad y también, según diversos estudios científicos, influyen en los niveles de precipitación local.
En efecto, la presencia de bosques, cuerpos de agua y relieves elevados puede generar condiciones microclimáticas particulares.

Se ha comprobado que áreas con mayor cobertura vegetal, especialmente si combinan arbolado con lagunas o sierras, pueden recibir más lluvias que las zonas llanas o deforestadas circundantes.
Esto se debe a que la vegetación libera humedad (transpiración), enfría el aire cercano y favorece la formación de nubes de desarrollo vertical.
Uno de los ejemplos más claros en la región es la Reserva Natural Laguna de los Padres. Quizá en alguna lluvia circulando por la Ruta 226, te percataste que ahí llueve más fuerte, con más intensidad.
En un paisaje que combina espejo de agua, monte nativo, pastizales y forestación exótica, se registran con frecuencia nieblas matinales y lluvias localizadas, fenómeno que algunos vecinos relacionan con el “microclima” propio del lugar. La Sierra de los Padres, también colabora con esta dinámica al modificar el comportamiento de los vientos y favorecer la condensación.
Otro caso es el Bosque Peralta Ramos, un enclave forestal dentro del tejido urbano del sur marplatense. Este barrio-reserva conserva un microclima más húmedo y fresco que el resto de la ciudad. Sus calles arboladas, la cobertura vegetal permanente y la menor densidad constructiva generan un entorno favorable para la biodiversidad y también para la captación y retención de agua de lluvia.

Lo mismo ocurre en el corredor costero entre Punta Mogotes y el Faro, donde la combinación de médanos vegetados, acantilados y sectores aún no urbanizados crea un paisaje que funciona como barrera natural frente al avance del mar y también como moderador climático. A lo largo de este frente marítimo se han registrado lluvias breves e intensas, influenciadas por la interacción entre el océano, los vientos y las condiciones del terreno.
Desde el punto de vista práctico, sabemos que un milímetro de lluvia equivale a un litro de agua por metro cuadrado. La región costera bonaerense, tiene un régimen pluvial promedio anual cercano a 920 mm.
Preservar estas reservas no es solamente conservar el paisaje o proteger especies en riesgo. Es también una forma de mantener el equilibrio hidrológico del territorio, de amortiguar el impacto de las tormentas cada vez más intensas, y de sostener una relación más armónica entre la ciudad y su entorno natural.






