Huevos blancos o colorados, yemas más intensas, y curiosidades que no sabías sobre este producto que consumís todos los días.
Cada vez más productores eligen criar gallinas de pastura o “felices”, y no es solo por bienestar animal.

Cuando las gallinas pueden caminar, picotear pasto e insectos, tomar sol y moverse en libertad, reducen su nivel de estrés y fortalecen su sistema inmunológico. Esto disminuye la necesidad de antibióticos preventivos.
En cambio, en sistemas convencionales, las gallinas ponedoras viven en jaulas o galpones con luz artificial controlada, que simula días más largos para estimular la postura constante de huevos. Este manejo afecta su descanso natural, genera estrés crónico y favorece problemas de salud que requieren tratamientos frecuentes.

La luz solar y el acceso a pasturas permiten que las gallinas felices obtengan nutrientes como carotenoides, que se reflejan en una yema de color más intenso.
Sin embargo, el color de la yema depende principalmente de la dieta y no de si el huevo es “feliz” o no. Cuanto más pasto fresco y maíz consumen, más amarilla o naranja se torna la yema, mientras que dietas a base de balanceados pueden dar yemas más pálidas, aunque sigan siendo nutritivas.
Sobre la diferencia entre huevo color y huevo blanco, vale aclarar que depende de la genética de la gallina: las gallinas de plumaje blanco y orejas blancas ponen huevos blancos, y las de plumaje rojizo y orejas rojas suelen poner huevos marrones, pero el color de la cáscara no afecta el valor nutricional.
Otra curiosidad son los huevos de doble yema, que se dan en gallinas jóvenes cuyos ciclos aún no están regulados y liberan dos óvulos al mismo tiempo, por lo que no son un problema de salud ni algo raro en gallinas de campo.

En sistemas convencionales, las gallinas ponedoras no tienen contacto con gallos, por lo que los huevos que consumimos no están fecundados. En cambio, en crianzas de traspatio o granjas con gallo, las gallinas pueden poner huevos fértiles, pero estos solo desarrollan pollitos si se incuban bajo condiciones de temperatura y humedad específicas, de lo contrario, se consumen igual que cualquier huevo.
Cuando una gallina se “pone clueca”, se trata de un comportamiento natural en el que la gallina decide incubar sus huevos, reduce su postura, se queda sentada en el nido y emite sonidos específicos. Este comportamiento se ha reducido en las líneas ponedoras comerciales, pero es común en gallinas de campo o criollas.
La crianza de gallinas felices promueve prácticas agroecológicas, fomenta la rotación de pasturas y el cuidado de suelos, mientras que la producción intensiva se enfoca en cantidad y menor costo de producción.
Elegir huevos de gallinas de pastura no solo apoya un sistema más consciente y con menor huella ambiental, sino que prioriza un alimento de calidad y fresco, generando una diferencia en sabor y textura al cocinar.
Cada huevo es una muestra de la forma en que vive la gallina, y esto importa tanto como el alimento que consumimos.






