Te mostramos fotos inéditas de La Copelina, el agua mineral que marcó una época. Cómo se vendía y que beneficios traía consumirla.
Dicen que entre los pastizales altos y las zarzas que se enredan en las ruinas, todavía se escucha el murmullo de un agua que nunca dejó de brotar.

La Copelina fue mucho más que un agua mineral: fue un mito de salud y prosperidad para las sierras, con su fábrica de embotellado a un costado del camino y promesas de “curar todo” en cada sorbo. Pero con el tiempo, las paredes se vinieron abajo, los cambios en la economía y en el consumo fueron fuertes y las historias comenzaron a crecer.
En la década del 40, algunos vecinos aseguraron ver alemanes de paso, con autos oscuros y acentos extranjeros, alimentando la leyenda de que nazis en fuga habrían buscado allí las “aguas de la juventud” para sanar heridas y borrar rastros. Otros juraron que el agua tenía minerales únicos que explicaban la salud de quienes la bebían.
Hoy, sólo quedan tanques oxidados, mosaicos rotos y el eco de un lugar que resiste a ser olvidado. Muchos turistas, vecinos y exploradores urbanos se arriesgan a internarse en la sierra para conocer sus ruinas. Actualmente es un lugar privado pero con una gran carga de mística, mientras el agua sigue fluyendo.
A continuación te traemos en exclusiva como se vendía en su época de esplendor, ese producto tan eficaz.
«El agua Copelina proviene de grandes profundidades de los antiguos cuarcitos de Sierra ‘‘La Brava”, que corresponden, a las capas más antiguas del Continente.»

«Por la calidad de sus componentes
minerales, actúa principalmente facilitando la digestión estomacal y regularizando las funciones del hígado: indicada en la litiasis biliar. Aumenta la secreción urinaria,
realizando un verdadero lavaje del organismo; favorece la solubilidad del ácido
úrico; arrastra o disuelve las arenillas, impidiendo la formación de los cálculos.
Actúa eficazmente en el tratamiento de las
enfermedades de la nutrición: artritismo, gota, obesidad, diabetes, arterioesclerosis.
Y, finalmente, el agua Copelina sin gasificar
constituye el agua de régimen por excelencia.»

«Copelina» es un nombre genuinamente
indígena y proviene del araucano, raza que
antiguamente habitó estas regiones.
Es una palabra compuesta de tres vocablos
araucanos co – pel – ina, que traducidas significan «continua garganta de agua».

«Dotado de todas las mejoras de la técnica y
la higiene modernas, se inicia la captación
en un pico de acero vidriado de donde el
líquido sigue su curso por su propia fuerza,
pasando por tubos del mismo material
hasta llegar a los depósitos intermediarios.
De este local, el agua es impulsada mediante la acción del aire comprimido a un gran tanque de 25.000 litros, para descender finalmente a las maquinarias.

Estas son, por cierto, las más admirables para el profano, por su matemático movimiento y su limpieza perfecta; las botellas vacías son conducidas por un riel de cremallera hasta la lavadora, donde son limpiadas y esterilizadas a gran presión, luego pasan a la sección envase propiamente dicha, donde, girando en torno a enormes tambores, reciben el precioso líquido, para ser después tapadas con el cierre metálico y
rotuladas en otro aparato con la popular
etiqueta de la “reina de la mesa”, celeste
o rosada, según sea gasificada o no.

Ninguna mano interviene en todas esas operaciones, que se efectúan automáticamente, en virtud del mecanismo eléctrico para el cual hay instalada especialmente una usina generadora, y todas las máquinas son limpiadas y esterilizadas a diario.

De ahí que las máximas garantías se hayan reunido para asegurar la bondad de la Copelina, al punto de que hasta el aire utilizado es purificado a través de filtros ultrasensibles. Veinte mil botellas por hora salen así del establecimiento, cada una idéntica a su compañera, todas dotadas de igual pureza y saludable virtud.»

Por Mariano Mónaco






