En Sierra de los Padres, donde el clima acompaña, el suelo es fértil y la comunidad valora lo natural, plantear que un árbol sólo es válido si no da fruta es una idea sin raíces.
En tiempos de cambio climático, erosión del suelo, pérdida de biodiversidad y alimentos cada vez más industrializados, cada árbol que plantamos es un acto de restauración. Del ecosistema, del entorno y también del sentido común.

Sí, claro que hay especies nativas que deben protegerse. Pero decir que solo ellas “cuentan” es reducir la reforestación a un dogma estéril.
Los árboles frutales: Fijan el suelo, atraen polinizadores, dan sombra, reducen el calor, y… ¡dan comida!
¿Qué parte de “es un buen árbol” genera tanto escándalo?
Un frutal no solo da belleza y aire puro. También alimenta. Y eso es mucho decir en un mundo donde millones de personas no tienen acceso a fruta fresca.

Reforestar con frutales significa: Recuperar suelos degradados, producir alimento sin agrotóxicos, favorecer la economía local y familiar, construir comunidades autosuficientes, y todo eso, con una planta que puede crecer sin riego artificial ni fertilizantes caros. Ni hablar si en algún sector o baldío inútil se plantaran aromáticas de uso comunitario como en tantas otras ciudades se realiza. Pero claro, a veces es más fácil hacernos los tontos, dejar todo así como está y que crezca la maleza.
Con un suelo franco rico en materia orgánica, y una exposición a sol pleno, sombra y semisombra, Sierra de los Padres es un paraíso para armar un bosque comestible mixto.
Aquí, una lista de frutales recomendados:
-Higuera – Sombra rápida, fruta abundante, cero mantenimiento
-Ciruelo criollo – Muy adaptable, dulce y resistente
-Membrillero – Clásico noble y perfumado
-Mora negra o blanca – Crecimiento veloz, atrae aves y humanos
-Peral y manzano – Producción segura y de calidad

Y si querés belleza que florezca hay otras opciones:
-Jacarandá – Floración violácea que da alegría y color
-Liquidámbar – Otoño encendido, con un porte elegante
-Aguaribay (Schinus molle) – Casi indestructible, nativo y útil
Plantar un árbol no es solo plantar verde. Es sembrar alimento, sombra, refugio, biodiversidad… y sentido.
Reforestar con frutales no es ir contra la naturaleza. Es ir junto a ella, pero con una canasta de frutas bajo el brazo.
Así que la próxima vez que escuches que “los frutales no sirven para reforestar”, preguntá si lo dijo alguien con los pies realmente en la tierra. O si solo lo repitió desde su propia ignorancia. Y al que le quepa el poncho que se lo ponga.
Por Lorena Osso







