Plantas invasoras: un riesgo verde que crece

Entre las sierras y arroyos, la hiedra y la zarzamora avanzan silenciosas, desplazando nativas y afectando la biodiversidad.

En Sierra de los Padres y zonas serranas cercanas, dos especies invasoras vegetales, la hiedra (Hedera helix) y la zarzamora (Rubus ulmifolius), han expandido su presencia de manera sostenida, generando serios problemas. Sus impactos son notorios sobre la biodiversidad, la estructura del suelo y la regeneración de especies nativas.

Estudios del Grupo de Investigaciones en Biodiversidad (GIByB) de la Universidad Nacional de Mar del Plata, en relevamientos entre 2020 y 2023 constataron focos activos en quebradas, bordes de arroyos y laderas de bosques serranos en zonas de La Gloria de la Peregrina, Laguna de los Padres y el mismo cordón de Sierra.

La hiedra, introducida como ornamental, avanza mediante raíces aéreas que se adhieren a troncos y rocas, generando sombreado intenso que inhibe la germinación de herbáceas nativas y compite por nutrientes.

La zarzamora en cambio, mediante su sistema de rizomas y dispersión por aves, forma densos matorrales que impiden el paso de fauna y alteran cursos de agua, a la vez que su carácter espinoso desplaza a especies herbívoras autóctonas

Estos procesos pueden llevar a la simplificación del ecosistema, reduciendo la cobertura de gramíneas, hierbas y arbustivas nativas y alterando la microfauna, afectando polinizadores, aves y pequeños mamíferos, con efectos en cascada sobre todo el sistema.

Su combate implica estrategias manuales de remoción (corte de tallos y extracción de raíces en la hiedra y rizomas de zarzamora), cobertura del área para impedir rebrotes, y, en zonas de gran extensión, el uso de métodos mecánicos con maquinaria, aunque estudios locales señalan que “las remociones mecánicas pueden provocar disturbios que favorezcan reinvasiones si no se acompañan de restauración con especies nativas” (GIByB, Informe interno, 2023).

En algunos casos se evalúa la aplicación controlada de herbicidas específicos, siempre con cautela para evitar daños a especies nativas y al agua, en un proceso de manejo adaptativo que requiere monitoreo constante.

A nivel de impactos, la hiedra reduce el hábitat de polinizadores y afecta insectos saprófagos, mientras la zarzamora modifica las relaciones tróficas al ofrecer frutos que favorecen aves generalistas (palomas, zorzales) que desplazan a especies especializadas, alterando dinámicas de dispersión de semillas.

Parecen inofensivas, pero la hiedra y la zarzamora invaden y transforman el ecosistema serrano.

Para prevenir nuevas invasiones, la clave está en la concientización de vecinos y visitantes, evitando plantaciones de especies invasoras en jardines, controlando las zonas de dispersión y promoviendo la restauración de nativas como el sen del campo, chilca y gramíneas autóctonas.

Detrás de su belleza y su aparente inofensividad, la hiedra y la zarzamora constituyen una de las principales amenazas actuales para la diversidad y el equilibrio ecológico de las Sierras, en un desafío ambiental que exige intervención temprana, ciencia aplicada y compromiso comunitario para defender nuestros paisajes autóctonos serranos.



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