Una iglesia de puertas más que abiertas

Fabián Yanes es el nuevo párroco que se presenta de manera espontánea a la comunidad de Sierra de los Padres.

Desde hace dos meses, una nueva voz resuena entre las paredes de la capilla local. Se trata del nuevo párroco de la Iglesia Católica serrana, quien llega con una impronta sincera, cercana y con una clara intención: construir una iglesia de puertas abiertas, empática, comprometida con la realidad de sus fieles y presente en cada rincón de la comunidad.

Con un estilo afable y directo, en esta primera entrevista con nuestro medio, el sacerdote se presenta en sociedad, comparte sus impresiones sobre su llegada a la zona, su misión pastoral y los desafíos que percibe en este nuevo destino. Habla de fe, pero también de escucha, de acompañamiento y de inclusión. Una charla serena que invita a conocer al hombre detrás de la sotana y la mirada renovada que trae consigo.

Mi familia vino de Buenos Aires, en la explosión demográfica de Mar del Plata en las décadas del ’50/’60, a buscar su futuro. Soy el último de cinco hermanos. Mi niñez, mi adolescencia, transcurrió en Mar del Plata.

A mí, mis viejos me bautizaron de chiquito en la Catedral de Mar del Plata. Mis viejos me preguntaron si quería ir a catequesis, y como se superponía con mis actividades —yo jugaba al fútbol los sábados a la tarde—, tuve que decidir, y ganó el fútbol, digamos.


Después, el descubrimiento de la vida de Jesús fue de adolescente. Yo estaba en el último año de la secundaria y un compañero me invitó a ir con un grupo de jóvenes que tenían actividad pastoral solidaria, y ahí fue el origen en la vida de la Iglesia y en la vivencia de la fe. Para mí fue de la mano: descubrir la fe con qué iba a hacer cuando terminara la secundaria, y el lugar en el mundo que iba a ocupar. A esa edad, recorrer algunos lugares carenciados me llevó a preguntarme: ¿por qué no? Estar cerca de Dios… ¿cómo no hacerlo un estilo definitivo de vida? Tomé la comunión a los 17 años y, a los 18, ingresé en el seminario.

Mirá, este año voy a cumplir 35 años de cura. He pasado por distintos lugares, y en todos fui haciendo vínculos que permanecen.
Pero creo que esos vínculos no deben atar a las personas a seguir a alguien. No creo en esto del personalismo, que es como una especie de vicio. Sí creo en que esos vínculos se van fortaleciendo con el tiempo, y eso es lo realmente interesante.

Así se presenta Fabian Yanes el nuevo sacerdote serrano

Bueno, las inquietudes son distintas. En Mar del Plata he estado escuchando preocupaciones y temores relacionados a la inseguridad. En este ámbito, lo que se puede ver como verdadera preocupación es la falta de empleo, o el empleo poco remunerado, cuestiones intrafamiliares o de adicciones.

Nosotros tenemos a cargo parroquias en un radio amplio, que abarca desde la parroquia de Santa Paula, Colonia Barragán, la parroquia de Gloria de la Peregrina, como así otros lugares en donde, si bien no existe un edificio o una parroquia como tal, tenemos injerencia, sacerdotalmente hablando.

Se habla de grieta o de divisiones cuando lo relacionamos a aspectos de pura índole ideológica o política. Pero llamaría “grieta” a otra cosa que existe, pero de la cual no se habla tanto: la diferencia entre los que tenemos un poco con los que realmente no tienen nada.


Creo que se evidencia, con el correr de los tiempos, un camino hacia el individualismo, propio de los tiempos que corren; el creer que uno, estando solo frente a una pantalla, puede solo. El ser humano, desde su existencia, necesita vincularse, no aislarse; ir generando espacios de comunión.

Pienso que la pandemia acrecentó ese individualismo, que existió siempre. Pasa que no era tan notorio como ocurre en nuestros tiempos. Intentar mirar hacia un costado a veces es difícil, pero es lo que debemos intentar lograr desde este espacio: lograr adaptar las palabras de Jesús al lugar en donde uno se encuentra.

Veo cosas muy buenas en otras iglesias. Quizá, en la iglesia cristiana evangélica, lo que considero muy bueno es esto de que siempre en la puerta haya alguien atento para recibirte.

Bueno, he participado ya en algunos encuentros con comunidades locales, la delegación municipal, escuelas de la zona. Lo importante es generar un punto de unión, algo que valga la pena, para poder crecer como seres humanos en una comunidad tan rica y diversa.

Cuando se plantea el rol de la juventud, siempre se habla del futuro. Y yo lo que considero es que los jóvenes son el hoy, el presente.
Las infancias, con su frescura e inocencia, aportan cosas que muchas veces los grandes —sin desmerecer a los adultos y ancianos— no sabemos observar. Como, por ejemplo, la inclusión.

La parroquia de Sierra de los Padres en su interior, epicentro espiritual de nuestra comunidad

Ohhh, un buen puchero como Dios manda… con eso me conformás.

Creo que me adapto mejor al frío, sin dudas.

Me gusta mucho el folclore. Si tuviera que elegir un artista, me gusta mucho Raly Barrionuevo.

Bueno, tengo muchos, pero mi favorito es el Cura Brochero. Fue canonizado en 2016. Un cura cordobés, conocido como el “cura gaucho”, que mucho hizo por la comunidad: construyó iglesias, escuelas y caminos, dando una especie de marco jesuita al asunto.

Uhhh… estando tan presente en este momento, me encantaría poder mantener una charla con Manuel Belgrano. Un tipo que marcó un camino hacia lo que somos. Disfrutaría de una charla y unos mates con él, todo el tiempo que pudiera. Su ejemplo es admirable.

Sí, uso WhatsApp. Trato de no estar tan encima. Realmente lo utilizo para mantenerme en conexión con otros, pero solo para eso.

¡Pero claro que sí! (risas). Tenemos algún que otro grupo donde nos mantenemos informados. También surgen chistes, pero —te soy sincero— lo utilizamos para mantenernos conectados y en comunidad.


Con un tono sereno, pero sin titubeos, Fabián Yanes, el nuevo párroco de Sierra de los Padres, se presenta como alguien dispuesto a escuchar, acompañar y tender puentes. No viene a imponer, sino a compartir; no busca protagonismo, sino comunidad. En tiempos donde sobran las divisiones, su presencia abre una puerta necesaria: la de una iglesia cercana, presente y con los pies en la tierra. Una invitación a encontrarse, desde la fe, pero también desde lo humano.

Y, como todo buen cura, de San Lorenzo.

Por Mariano Mónaco



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