Los chicos no son una moneda al aire

La gestión de una escuela no puede depender del clima ni de la suerte. Las autoridades del Municipio de General Pueyrredón y los consejeros escolares tienen la obligación de prever, actuar y cuidar. Esta vez, hicieron todo mal. O tarde.

El domingo a última hora, todos esperábamos una definición clara del Municipio. Se había emitido una alerta por lluvias intensas y vientos fuertes: un temporal anunciado con anticipación. La lógica indicaba la suspensión total de las clases del día lunes. Pero no. Se especuló, se demoró, y se actuó tarde.

La decisión de las autoridades llegó recién a media mañana, cuando el temporal ya era evidente y muchas escuelas estaban abiertas. Para entonces, niños, familias, docentes y auxiliares ya se habían expuesto a innumerables riesgos evitables. Las actividades se suspendieron solo para el turno tarde, cuando el daño ya estaba hecho.

Educación en condiciones dignas no es un lujo, es una obligación

¿La razón de fondo? Algunos se preguntan si los feriados de la semana anterior influyeron en el criterio oficial, como si la necesidad de mostrar actividad y evitar críticas por «otro día perdido» valiera más que la seguridad de la comunidad educativa. En la jerga diríamos «ser más papistas que el papa»

Pero hay una herramienta clave que no se utilizó, y que se suele utilizar mal: la profilaxis escolar.

Aunque el término suele asociarse a lo sanitario, en el ámbito educativo se refiere a la suspensión preventiva de clases ante condiciones que puedan afectar la salud o seguridad de quienes asisten a la escuela.

No se trata de un paro ni de una protesta: es una medida de cuidado.

La profilaxis puede aplicarse en distintos casos:

Falta de gas o calefacción en invierno, que expone a enfermedades respiratorias.

Problemas edilicios graves, como goteras, riesgo eléctrico o inundaciones.

Fallas sanitarias, como baños inhabilitados o falta de agua potable.

Eso fue, exactamente, lo que ocurrió en la Escuela Provincial N.º 49 de Sierra de los Padres. El gas envasado no llegó a tiempo, producto de los feriados y del impacto del temporal. No se activó ninguna medida preventiva, y quienes asistieron a clases lo hicieron con camperas puestas dentro del aula. El servicio se restableció durante el día, pero ya era tarde: el frío ya había sido padecido por alumnos y personal docente y auxiliar. La secundaria tampoco estuvo exenta. Todo esto pudo evitarse.

La falta de reacción no es un error menor: es una vulneración directa al derecho a la educación en condiciones dignas. Según el artículo 75 inciso 22 de la Constitución Nacional, tratados internacionales como la Convención sobre los Derechos del Niño tienen jerarquía constitucional. En su artículo 28 reconoce el derecho a la educación, y en el artículo 27, el derecho a un nivel de vida adecuado para el desarrollo físico, mental y emocional. Además, el artículo 29 de la misma convención establece que la educación debe brindarse en un entorno que respete la dignidad del niño y promueva su desarrollo pleno.

La Ley de Educación Nacional N.º 26.206 también es clara: en su artículo 11 exige garantizar una educación de calidad con equidad, y en su artículo 5 establece que el Estado debe crear las condiciones materiales que hagan posible ese derecho.

Y acá entra en juego otro actor clave: el Consejo Escolar. Elegidos por el voto, sus integrantes son responsables de garantizar la infraestructura escolar básica: calefacción, transporte, condiciones sanitarias, insumos, mantenimiento.

En zonas rurales, donde las distancias y el clima agravan todo, su rol es crítico para evitar el ausentismo, la deserción y la marginación educativa. Cuando no se entrega una garrafa, no se arregla un calefactor o no se anticipan las necesidades, no se está «fallando en la logística», se está vulnerando un derecho elemental. El consejero no está solo para se entreguen los alimentos del servicio alimentario escolar (SAE), su rol es clave en todo sentido.

Lo que ocurre en la escuela de la Sierra es el reflejo de lo que ocurre en las escuelas rurales del país

Una escuela sin gas en invierno no es solo una incomodidad: es una amenaza para la salud de chicos y personal educativo.

Y si el municipio o los consejeros priorizan cálculos políticos o temen tomar decisiones impopulares, están olvidando a quién deben cuidar.

La comunidad tiene que exigir responsabilidades. Desde el voto hasta la organización colectiva, la ciudadanía debe recordar que los funcionarios están para servir, no para especular. La única población que no tiene ninguna obligación es la infancia. A los chicos hay que garantizarles todo.

Ya no estamos en la década del 50′. El edificio de la Escuela 49, como tantos otros, ya quedó chico. La matrícula creció, la comunidad se expandió, pero las condiciones no acompañan ese crecimiento. Se necesita más espacio, pero también una conexión de gas natural como cualquier otro hogar de la zona. Lo básico. Lo que debería estar resuelto hace años.

Porque la infancia no puede esperar licitaciones eternas, burocracia inerte ni decisiones tibias. La escuela tiene que estar abierta todos los días, sí. Pero abierta y en condiciones.

Garantizar la educación no es solo tener un aula, es cuidar todo lo que pasa dentro de ella.

Esto va dirigido a los señores feudales de la especulación y el Real Estate. Dejen de vender pavadas y sean más eficientes.

Se llama «Planificación»… les suena?

Por Mariano Mónaco



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