¿Qué es la Hidropesía? La enfermedad que se llevó muy joven a Manuel Belgrano

Con tan solo 50 años, el Padre de la Bandera padeció de un dolor físico muy fuerte. Pero qué es la enfermedad que lo afectaba y cómo fueron sus horas finales.

Manuel Belgrano, abogado, economista, periodista, militar y creador de la bandera argentina, murió en Buenos Aires un día como hoy pero de 1820, en un cuarto prestado del convento de Santo Domingo.

Según cuenta la historiografía, sus últimos días estuvieron marcados por el olvido del poder político, el dolor físico, y una pobreza extrema que contrastaba brutalmente con su papel en la historia de la independencia.

Belgrano sufría de hidropesía, una afección que hoy se conoce como edema generalizado, y que entonces era síntoma de enfermedades graves del corazón, el hígado o los riñones. En su caso, el debilitamiento físico y la falta de tratamiento adecuado agravaron su estado. La enfermedad le provocaba una hinchazón progresiva del cuerpo debido a la acumulación de líquidos, y en las últimas semanas apenas podía moverse.

También su situación económica era complicada es por ello que ofreció su reloj como forma de pago a su médico, el doctor Redhead, ante la imposibilidad de afrontar una consulta. En tiempos donde no existían celulares, su reloj era uno de los últimos objetos de valor que poseía.

Distintos retratos de Manuel Belgrano

El país, mientras tanto, vivía uno de sus momentos más caóticos: el mismo día de su muerte se sucedieron tres gobernadores en Buenos Aires, en plena crisis institucional.

Al morir, Manuel había dejado un testamento donde reiteraba su voluntad de que su sueldo —el que nunca cobró por años de servicio— fuera destinado a la construcción de escuelas. El Estado nunca cumplió esa promesa.

El cuerpo fue sepultado sin ceremonia oficial, sin cañonazos, sin escolta militar. Lo enterraron en la capilla del convento de Santo Domingo, frente al altar de San Martín de Porres. Su tumba fue señalada apenas con una lápida de mármol blanco, muy sencilla, colocada en el suelo. Sobre la losa se grabó un epitafio que simplemente decía:
“Aquí yace Manuel Belgrano. Falleció el 20 de junio de 1820”.
Ni fechas patrias, ni mención a la bandera, ni títulos militares. Solo su nombre y el día de su muerte. La modesta lápida estuvo durante décadas allí, sin flores, sin placas oficiales, sin peregrinaciones escolares.

Recién en 1903, 83 años después de su muerte, el gobierno nacional ordenó la exhumación de sus restos y su traslado a un mausoleo de mármol blanco que se levantó en el atrio del mismo convento.

El mausoleo de Manuel Belgrano en el convento de Santo Domingo es una obra imponente y conmovedora, digna de conocer

El nuevo monumento, diseñado por el escultor Ettore Ximenes, presenta una figura de Belgrano de pie, envuelto en un manto clásico, sosteniendo la bandera que él mismo creó. En ese momento, con actos oficiales, se reparó parte del olvido en que había caído su figura.

Belgrano tal vez sea el reflejo más honesto de lo que somos: no acumuló victorias militares ni riquezas, murió pobre y casi olvidado, pero su legado —la bandera como emblema de unidad, esfuerzo y entrega desinteresada— sigue ondeando y dándole valor a nuestra historia.



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