Calles oscuras, cables colgantes y postes saturados reflejan una infraestructura urbana obsoleta. El tendido aéreo y las luminarias deficientes son un problema creciente que requiere soluciones modernas y sostenibles.
Cuando se aproxima un temporal y hay alerta, notaste que la luz se le corta a todos?
Atrás quedaron los medidores antiguos, hoy para ello se utiliza la tecnología. Si no tenés en tu casa un medidor con pantalla LED, pronto lo tendrás.
Algunos argumentan «es que la luz ya te la bajan desde la central» y es cierto. Pero por qué en algunas cosas avanzamos tanto, y en otras estamos casi como en el 1800?

El tendido aéreo —compuesto por postes de madera, cemento o metal que sostienen cables eléctricos y de servicios— es altamente vulnerable a los factores climáticos. Vientos fuertes, tormentas, ramas caídas o simples actos vandálicos pueden dañar los cables, provocando cortes de luz, chispazos peligrosos o incluso incendios.

Además, con el paso del tiempo y el crecimiento desordenado de redes de internet y televisión, muchos postes muestran un enredo caótico de cables colgantes que generan contaminación visual y representan un riesgo eléctrico para peatones y viviendas.
Por otra parte, muchas luminarias de calle funcionan de manera deficiente. Ya sea por artefactos obsoletos, fallas en la instalación o falta de mantenimiento, numerosos barrios quedan a oscuras durante la noche, favoreciendo la inseguridad y afectando la visibilidad para conductores y peatones.
La iluminación pública deficiente no solo deteriora la vida urbana, sino que también impacta en la economía local, ya que muchos comerciantes se ven perjudicados por la falta de luz en sus zonas de trabajo.
Frente a este escenario, una solución posible y cada vez más adoptada en ciudades modernas es la migración al tendido eléctrico subterráneo. Aunque implica una inversión inicial elevada, este sistema presenta ventajas significativas: mejora la seguridad eléctrica, reduce la exposición a las inclemencias del tiempo, alarga la vida útil de las instalaciones y mejora notablemente la estética urbana. Además, se complementa con la instalación de luminarias LED, que son más eficientes, duraderas y sostenibles desde el punto de vista energético.

El desafío para municipios y gobiernos provinciales es claro: planificar una transformación urbana que apueste por la modernización de la infraestructura eléctrica y de alumbrado, con una mirada integral que priorice la seguridad, la eficiencia y el bienestar de los ciudadanos.
Mientras tanto, muchos vecinos siguen reclamando respuestas concretas ante los postes torcidos, cables colgantes y farolas apagadas o cubiertas por árboles. La seguridad, dicen, no solo se construye con cemento, sino también con luz.
La idea es dejar de poner brazos en jarra y pelotearse entre los distintos entes intervinientes. Esto debería ser un «manos a la obra», por la gente, que es la que necesita estar un poquito más segura.
Por Mariano Mónaco






