Vinicius, bossa-nova, whisky y atmósfera. Estuviste en la Fusa Mar del Plata?

En 1971, Mar del Plata vivió noches inolvidables en La Fusa: Vinícius de Moraes, se unió a Toquinho y María Bethânia para forjar una gira legendaria de bossa nova. Buscamos testigos de ese verano memorable.

Una boite —palabra que viene del francés “boîte de nuit”— era lo que hoy llamaríamos un bar nocturno o club íntimo con música en vivo, aunque con una atmósfera más elegante y bohemia. En los años ‘60 y ‘70, las boites eran espacios pequeños y sofisticados donde se podía escuchar a grandes artistas a pocos metros, sentados en mesas con velas, entre copas de whisky, humo de cigarrillos y luces tenues. No eran boliches para bailar, sino sitios donde el silencio y la atención al artista eran parte del ritual. Lugares como La Fusa ofrecían una experiencia íntima, en la que la música se vivía de cerca, con una fuerte carga emocional y estética.

En el verano de 1971, el músico Vinícius de Moraes convirtió a La Fusa de Mar del Plata en un templo de la bossa nova.

Vinícius de Moraes, ya separado de su cargo diplomático en Brasil tras el golpe de 1964, encontró en Mar del Plata un escenario para volver a ser simplemente un poeta entre la gente.

El clima político en Uruguay condujo en 1971 a cambiar Punta del Este por Mar del Plata. El lugar elegido fue la mansión veraniega de la familia Zuberbühler en la esquina de Aristóbulo del Valle y Rodríguez Peña.

Llegó acompañado de su joven y brillante guitarrista Toquinho, con quien había empezado a tocar seis meses antes, y de María Bethânia, hermana de Caetano Veloso, que reemplazó a la habitual compañera Creuza, entonces en reposo tras dar a luz. La ciudad, que se debatía entre las postales clásicas del turismo masivo y un incipiente underground cultural, recibió al trío con una calidez insólita.

Cada noche en La Fusa era un espectáculo completo: el público colmaba el lugar entre mesas, whisky y humo, mientras las voces y cuerdas brasileñas tejían un ambiente irrepetible. En ese rincón marplatense, alejado de la represión y el miedo que comenzaban a instalarse también en Argentina, la música se convirtió en trinchera, en refugio y en celebración.

Los recitales se sucedieron a lo largo de enero de 1971. La Fusa se transformó en una suerte de “embajada cultural brasilera” en Mar del Plata, con turistas, artistas e intelectuales haciéndose presentes para ver a Vinícius, ya convertido en mito viviente.

La noche del 25 de enero, tras una función, se tomaron un auto y viajaron a Buenos Aires. En el estudio ION, con unas 25 personas simulando el público real, grabaron el disco que llevaría el nombre de: Vinícius + Bethânia + Toquinho en La Fusa Mar del Plata. Aquel álbum, que muchos aún creen en vivo, fue grabado en dos madrugadas de enero con whisky, ruidos de copas y risas. El disco fue muy exitoso.

En La Fusa se vendían copias al terminar los shows, y el boca en boca convirtió al lugar en parada obligatoria del verano marplatense. Los diarios hablaban de las noches mágicas en Playa Grande, y nombres como Mercedes Sosa, Astor Piazzolla o incluso Jorge Luis Borges se acercaron al fenómeno.

Mar del Plata no solo fue testigo, sino protagonista. Porque se convirtió, por un instante, en Río de Janeiro: con su calor nocturno, su efervescencia artística y sus secretos compartidos entre poetas, músicos y espectadores.

Vinícius diría años después que esos fueron “los mejores días de su vida”, donde la música, el whisky y las mujeres lo devolvieron a la vida. La Fusa fue la sala, sí. Pero Mar del Plata fue el corazón.

Cincuenta años más tarde, ese recuerdo sigue vivo. En los vinilos que suenan, en las reediciones que rescatan las grabaciones originales, en las crónicas de quienes asistieron, y en el mito creciente de un verano en que Mar del Plata fue mucho más que un destino turístico: fue escenario de una de las fusiones musicales más bellas y legendarias del continente.

Si fuiste parte de aquellas noches inolvidables en La Fusa durante el verano de 1971, si estuviste ahí cuando Vinícius de Moraes, Toquinho y María Bethânia llenaban de música y poesía la madrugada marplatense, queremos escucharte.

Buscamos testimonios de quienes vivieron esa temporada mágica: cómo era la atmósfera del lugar, qué se vestía, qué otras músicas sonaban, quiénes frecuentaban la boite, cómo se vivía la ciudad en ese tiempo. Tu recuerdo puede ayudar a reconstruir una historia única de nuestra cultura, una memoria viva de aquel verano en que Mar del Plata se convirtió, por unas semanas, en la capital sudamericana de la música y la bohemia. Si estuviste ahí, o conocés a alguien que lo haya vivido, escribinos y sumate a este rescate de historia oral.

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