El dibujante Argentino que cautivó a Disney

Logró que medio país colgara gauchos en la cocina… y que Disney lo escuchara. Una historia tan insólita como auténtica.

Florencio Molina Campos, nació en Buenos Aires el 21 de agosto de 1891, pero creció entre campos y estancias en General Madariaga y Entre Ríos. Su gran inspiración fue Tiléforo Areco, el capataz criollo de la estancia de su familia.

Fue autodidacta: nunca pasó por una academia de arte formal. Su técnica preferida fue la témpera, aunque también trabajó con tinta y óleo. Su verdadera escuela fue la pampa misma.

En 1926, expuso por primera vez en la Sociedad Rural Argentina. Su obra impresionó tanto al entonces presidente Marcelo T. de Alvear que este le compró dos cuadros y lo nombró profesor de dibujo del Colegio Nacional Nicolás Avellaneda. Fue su consagración.

En 1930, la empresa Alpargatas lo contrató para ilustrar su almanaque de 1931. Aquellos 12 dibujos a todo color acompañaron durante décadas a millones de hogares argentinos. Se imprimieron más de 18 millones de copias a lo largo de 14 años, convirtiéndose en un fenómeno cultural. Los calendarios de Molina Campos fueron bautizados por el poeta Enrique Banchs como «la pinacoteca de los pobres».

Entre 1937 y 1938, Molina Campos fue becado en Estados Unidos, donde expuso en museos de Nueva York y San Francisco. Su estilo gauchesco, lleno de detalles costumbristas y humor gráfico, llamó la atención del mismísimo Walt Disney.

Sin embargo, se distanció del estudio por diferencias creativas: no aceptaba las deformaciones estéticas de la cultura criolla en los dibujos animados.

Molina Campos construyó un lenguaje visual único. Sus personajes, con ojos saltones, narices prominentes y rostros simpáticamente desproporcionados, retrataban con cariño y sentido del humor la vida rural.

En sus obras se repiten elementos como los caballos ribeteados, los palenques, los asados, el mate, y las pulperías. El horizonte plano y los cielos abiertos enmarcan escenas donde la nostalgia, la ternura y la picardía conviven.

Se negó a vender varias de sus obras más queridas, que aún conservaba colgadas en su casa de Moreno. “No las vendo porque no las pinté para vender”, decía.

Falleció el 16 de noviembre de 1959 en Buenos Aires. Su legado sigue vivo en la Fundación Molina Campos, presidida por su nieto, y en el museo ubicado en Moreno, donde vivió sus últimos años.

En los últimos años, más de 120 obras originales han sido centro de debate: especialistas denuncian falta de preservación adecuada en el museo de Moreno y solicitan que el patrimonio sea declarado Monumento Histórico Nacional.

Conocías su obra? Cuál te gusta más?

Si te interesa ver cara a cara parte de su obra, te recomendamos un viaje hasta San Antonio de Areco. En un espacio privado que mantiene viva su esencia. Nota: Su ingreso tiene costo. Para más info visitá https://museolaslilas.org/

Lamentablemente su obra entera no se encuentra disponible al público en general en internet, para admirar realmente lo valioso de todo su trabajo.

Por Mariano Mónaco



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